The Hobbit

Sesión de cine: El Hobbit

Debo reconocer que en lo últimos tiempos no estoy excesivamente exigente cuando voy al cine. Las ocasiones son mucho más escasas de lo que desearía y tampoco me apetece ponerme demasiado elitista cuando puedo dedicarme a disfrutar todo lo posible del tiempo en la sala.
Además, cuando no tengo la suerte de poder asistir a los preestrenos, suelo ir días después del estreno y por tanto ya totalmente contaminado por las críticas. Este ha sido el caso de El Hobbit, de la que todo el mundo me había hablado tan mal que sabía que la experiencia no podría ser tan horrible.

Y sin embargo, no es que no me haya disgustado, es que la disfruté. Sí, sí, en serio.
Ahora cuento porqué, pero adelanto mi único reproche: Si hubiera durado un poco menos me hubiera parecido magnífica, pero si me haces estar 2h40 pegado a una butaca tienes que hacer que merezca MUCHO la pena.
El Hobbit siempre ha sido uno de mis libros de fantasía favoritos. Que recuerde, lo leí por primera vez el verano del 94; podría ser antes, pero no después. Me gustaba (y sigue gustando) porque era un libro que se devoraba ferozmente por lo entretenido de su sencilla y lineal trama pero a la vez completa y detallada, con un universo inmenso por descubrir pero que conecta perfectamente con las leyendas que uno ya conoce a esa edad, como la de Sant Jordi contra el dragón.
Cuando leí que Peter Jackson pensaba convertir El Hobbit en dos películas ya me puse en guardia, pero cuando se confirmó que iban a ser tres ya me pareció obsceno. Pero no pudo resultarme más grato.
Básicamente lo que ha hecho es aprovechar cada remota referencia del libro, cada comentario al margen, cada excusa posible, para crear una escena a modo de flashback o montaje paralelo con al que cumplir un doble objetivo comercial: por un lado, alargar las entregas les va a asegurar duplicar y ahora triplicar los ingresos en taquilla, por vídeo doméstico, por ediciones especiales, etc. Y por el otro, les permite aumentar considerablemente el potencial merchandising. Para entendernos, cada Radagast que nos cuela son chorrocientos muñequitos que nos vende estas navidades. Pero el caso es que lo han hecho bastante bien: no hay prácticamente un sólo momento en que no pasen cosas, y las cosas que pasan son entretenidas. La fórmula sigue siendo muy parecida a la de El Señor de los Anillos (sencilla en lenguaje pero espectacular), pero esta vez me parece más amable, con menos vídeos de revista de viajes y más aventuras.

Si entráis dentro del target a los que no os molestan los elfos, los enanos y los orcos en pantalla, no os la perdáis porque será de lo mejor que hayáis visto seguro. A mi no me gusta el 3D pero los amigos a los que sí me han dicho que es espectacular, así que si además de los enanos también os va el lujo, ¡también es lo vuestro!