Ayudas públicas e indústria cultural: contradiciendo a Guillem Martínez

Ayudas públicas e indústria cultural: contradiciendo a Guillem Martínez

Foto de EFE.

Ayer me metí un rato con Arturo Fernández por afirmar que nunca había vivido de las ayudas públicas, lo que es una mentira cochina, porque no conozco ninguna indústria que no recibas ayudas públicas aquí o en Pekín, como dirían en APM.

Hoy había prometido que recibirían Gerard Depardieu y Guillem Martínez, aunque en verdad era una pequeña exageración en favor de las expectativas, un trailer de toda la vida vaya, porque sólo tengo intención de meterme un poquito con Obélix, ya que al Sr. Martínez le tengo mucho respeto y sólo me interesa el debate civilizado con él.

Decía que toda esta parrafada viene a raiz de Gerard Depardieu haciéndose ruso para evitar pagar impuestos en Francia, donde le parecen muy elevados, de aguantar unos cuantos comentarios como el de Arturo Fernández, de que los amigos del Documental Arcadi Oliveres hayan recibido una ayuda del ICAA (y parece que les ha entrado la urticaria, lo resolveremos en un bar), y que entre pitos y flautas por fin pude echarle un ojo al magnífico Forum d’Indigestió que monta Jordi Olivares y al que no pude acudir en esta última edición, y en el que Guillem Martínez, periodista completo donde los haya, alababa el modelo americano de mecenazgo (podéis ver los vídeos del Fórum aquí).

Gerard Depardieu

Depardieu ha protagonizado una doble polémica en Francia y a nivel internacional desde hace unas semanas, cuando anunció que también se largaba a Bélgica para evitar el nuevo tipo marginal del 75% para rentas muy muy altas en Francia. Luego el constitucional anuló dicho tipo impositivo, pero él dijo que no volvía ni de coña. Para colmo, apareció Putin que le ofreció la nacionalidad rusa, a lo que Depardieu respondió aceptando la oferta con grandes y ridículos alagos.
Al fin hemos sabido que se debía a que ha permanecido ebrio durante estas semanas.

El caso de Depardieu ha sido sonado por lo extravagante, aunque no ha sido el único, y ha generado un segundo debate alrededor de las ayudas públicas a la cinematografía francesa, ya que a lo largo de su carrera Depardieu y otras estrellas se han beneficiado de las múltiples ayudas que la República otorga. Este caso creo que señala dos problemas: el uso de las propias ayudas públicas, y la fuga de capitales.

El uso de las ayudas públicas
El copropietario de Wild Bunch criticó un sistema que, según él, ha permitido que grandes estrellas cobren millonadas mientraas se critica a Depardieu “que es un gran mecenas”, lo que a su vez fue respondido por el CNC (el ICAA francés): que la República también ha ayudado a muchos jóvenes talentos y que las millonadas no las paga la República sino los productores (sic).
Creo que hay algo que desde Wild Bunch fue muy acertado: señalar la contradicción de una indústria cuya proporción de financiación pública directa es significativa pero que no tiene limitadas las retribuciones como otros trabajadores públicos, por muy excepcional que sean dichas retribuciones millonarias.
Pero lo que creo que va a molestar es que afirme que esto no es exclusivo del cine. Como dije ayer, no conozco ninguna indústria que no reciba ayudas públicas cuantificables, y por tanto ¿por qué no podemos limitar los salarios en el resto de sectores económicos, del primero al último? ¿Cuanta diferencia de sueldo podemos considerar moral entre un trabajador y otro?

La fuga de capitales
El otro problema que señala la huída de Depardieu y compañía al país vecino es la fuga de capitales, en este caso entre la propia UE. Contra esto, ya que tenemos una moneda común y un mercado común, lo lógico sería que hubiera una hacienda común para que la redistribución vía impositiva sea común a todos los europeos (cosa que también reduciría el dominio francogermano), así como otras medidas que armonicen la unión. Lo han empezado a pedir altas instancias de la UE, aunque ¡a buenas horas! porque pese a que en 2008 el parlamento Europeo votó a favor del EuroSMI (1000€ para España), aun no hemos visto ná de ná de todo eso. Menos poder a los estados y sus regiones y más al Parlamento Europeo para que pueda aplicar lo que votamos todos los europeos, eso es lo que necesitamos.

Guillem Martínez y el modelo americano

En el vídeo que os enlazo arriba, Guillem alaba el modelo americano principalmente porque permite a los ciudadanos decidir qué proyectos apoyar y cuales no, supuestamente sin que el estado haga cultura. Yo no estoy muy de acuerdo con dicha afirmación, me explico:

Primer mito: Esto beneficia a los proyectos alternativos
Aunque ese modelo tiene numerosas ventajas y es verdad que gracias a ello salen adelante proyectos que dificilmente encontraban su financiación en un modelo que prime las ayudas directas, también hay que tener en cuenta que dicho modelo se fundamenta en las desgravaciones fiscales, que le salen mucho más caras a las arcas estatales, y en la protección a ultranza de la propiedad intelectual. Como resultado de esa supuesta libertad de los privados para gastar e invertir en lo que quieran sabiendo que se protegerá su propiedad, el 70% de patentes registradas corresponden a proyectos tipo viagra, implantes mamarios o medicamentos sin receta, mientras las famosas vacunas del cáncer o el sida llevan años de retraso debido a guerras de patentes. Y ya sabemos qué caracter político tiene la cinematografía americana.

Segundo mito: El Estado no hace cultura
Dese mi punto de vista, esto es la máxima expresión de un estado que no sólo hace cultura para sus ciudadanos sino para el mundo entero: “gracias” a su cinematografía “sabemos” que EEUU es la tierra de las oportunidades, que allí se encuentran los paisajes y las creaciones humanas más maravillosas de la tierra, que la comida es abundante, que te puedes casar con la mujer de tu vida y seguir enamorado toda la vida, que quien en el instituto es un pringao luego es la monda lironda, y así sucesivamente.
La realidad es que se trata de uno de los países más desiguales de occidente, que pillar la gripe puede llevarte a hipotecar la casa, que comer sano sólo se lo pueden permitir unos pocos, que tener una pareja del mismo sexo o de otra etnia sigue estando mal visto en la mayor parte del país, y que un negro que haya robado en el estanco con 17 años no va a poder ejercer el voto en su vida.
Este modelo se fundamenta en defender la propiedad privada, y ese es el principal valor que transmite al mundo.

Tercer mito: cualquiera puede hacer cultura sin permiso estatal
Peor: no necesitas el permiso de tus conciudadanos sino de aquellos conciudadanos con dinero para hacer posible tu proyecto. Me parece que la sociedad tiene asumido el copago cultural, así que puedo entender que debo buscar la forma en que los ciudadanos se gasten su dinero en las creaciones ya sea de forma directa o indirecta, pero lo único que puede acercar dicha decisión plutocrática a algo remotamente democrático es que en lugar de tener pocos y grandes inversores, tengamos un incremento significativo de pequeños consumidores-inversores.
Esto es precisamente en lo que se basa el crowdfunding, pero como ya dije en el CIVI, si se sigue destruyendo clase media y siguen aumentando las desigualdades, nos quedaremos sin ayudas públicas y sin inversión privada.

Conclusiones y debate

Como he dicho al final de mi último párrafo, ya llevo una temporada diciendo que la primera ayuda pública que necesita la cultura es una sociedad lo más rica posible y lo menos desigual posible, ya que una clase “media” lo más amplia posible es la que garantizará un más alto consumo cultural para gastar e invertir libremente y a la vez una caja pública lo suficientemente nutrida como para proteger algunas expresiones culturales poco apoyadas por los privados en proporción a sus presupuestos.

En relación a la posible domesticación de la cultura que recibe ayudas públicas, esperaré a ese encuentro de bar con Erika.

Después de estos dos artículos, ¿Cómo plantearías el sistema de ayudas públicas a la cultura?