Ayudas públicas e indústria cultural: desmontando a Arturo Fernández

Ayudas públicas e indústria cultural: desmontando a Arturo Fernández

Gerard Depardieu, fin de año con Arturo Fernández, Isaki Lacuesta y los amigos del documental Arcadi Oliveras recibiendo una subvención han desencadenado este artículo en dos partes. Hoy, Arturo Fernández.

El día de fin de año tuve que oír como una familiar, a quien evidentemente quiero mucho independientemente de que suelte estas cosas de tanto en tanto, citaba a Arturo Fernández para criticar las ayudas públicas a la cultura. El intérprete, reconocido simpatizante del PP, se permitió el lujo de mofarse de los que nos movilizamos contra las dañinas políticas de dicho partido, y de soltar perlas como que “Él no ha necesitado ninguna subvención en 60 años de carrera” (que es lo que citó mi familiar), que él ha trabajado toda la vida para empresarios privados (sic) y que no ha recibido ni un duro de las administraciones públicas.

Para llegar a hacer una argumentación en favor de las ayudas públicas voy a desmontar las burdas mentiras que este Sr. soltó a través de un medio… subvencionado:

La carrera de Arturo Fernández se inició durante la dictadura, un período durante el cual es de sobras conocido que todo el mundo podía pagarse una cámara de cine y distribuir sus películas sin preocuparse de la censura estatal, donde cualquier asociación de vecinos podía abrir un teatro sin pedir permiso a ningún gobernador civil de turno, y donde había centenares de canales televisivos para que los españoles disfrutaran de una oferta cultural amplísima. Pues no, claro.

Habitualmente hablamos de las subvenciones como si éstas fueran la única ayuda estatal cuantificable, pero eso sería un grave error. Las conocidas como subvenciones son ayudas directas a la financiación, pero existen otros tipos de ayudas que pueden ofrecerse a cualquier sector económico para alterar ese libre mercado que se supone funcionaría tan y tan bien, como por ejemplo:

  • Subvenciones indirectas: Son las principales en el modelo americano tan alabado pero que en realidad está muchísimo más subvencionado que el nuestro (unas 6 veces más por habitante, por lo bajo). En lugar de ser el estado quien asigna una cantidad de su presupuesto para gastar en cultura, lo que hace el estado es permitir que las personas (sobre todo jurídicas) se desgraven en su declaración de impuestos una parte de lo que han invertido en productos o servicios culturales, y por tanto el estado deja de recaudar dicha cantidad. ¿Cual es la diferencia con las subvenciones directas? Pues que la decisión es de quien invierte el dinero, el estado no interviene en ese punto.
  • Limitación de la competencia: He decidido que voy a abrir un negocio. Abriré una farmacia, y voy a rebentar los precios para acabar con mi competencia. Eh, espera. No puedo. No puedo porque para abrir una farmacia necesito un permiso específico de las administraciones públicas que determinará que no haya un exceso de farmacias en la zona, así como que haya un encargado último (el/la licenciado/a), y que yo no haga los horarios que me de la gana, todo de acuerdo con el Colegio de Farmacéuticos al que debería adscribirme para poder ejercer.
  • Alteración de precios según objeto social de la empresa en dos ejemplos:
    a) Precios marcados: Los cines tienen que vender la entrada de todas las películas que proyectan en las mismas condiciones (dia de la semana, 3D o no 3D, etc), no pueden discriminar para animar a entrar a una película rebajando su precio, o querer sacar más tajada de las pelis más taquilleras por ejemplo.
    b) Diferentes tarifas administrativas para usos similares de bienes o espacios públicos: el permiso de ocupación de vía pública para un rodaje me puede costar 500€ tranquilamente, mientras que un bar puede ocupar la acera durante todo el año por poco más del doble.

En el caso de Arturo Fernández, él ha trabajado para empleadores que son:

  • Cadenas de Televisión públicas (no hase falta que dises nada más)
  • Teatros públicos y privados y televisiones privadas que disfrutan de Limitación de la competencia (ya no hablemos de la supresión de publicidad en RTVE y lo que esto ha supuesto para MediaSet y Antena3) y que desde los ochenta han percibido cuantiosas subvenciones directas.
  • Las televisiones privadas, además han disfrutado de limitación de la competencia mediante la otorgación de las licencias para emitir en un espectro radioeléctrico público, que impiden que cualquiera pueda montarse su TV independientemente se si tiene los medios para ello. Además, los dos grupos anteriormente mencionados han sido obligados a invertir el 5% de sus beneficios en producción cinematográfica, lo cual es evidentemente otra ayuda pública, y mediante el patrocinio de eventos considerados de interés nacional se han beneficiado de importantes subvenciones indirectas.
  • Productores de películas privados que durante la dictadura disfrutaban de limitación de la competencia mediante la censura, aparte claro de la escasa oferta cultural del momento que convertía el cine en un entretenimiento muy popular, y en democracia han recibido subvenciones directas.

Evidentemente no es mi intención pedir la retirada de ayudas públicas a la cultura ni a otros sectores, muy al contrario. Mi intención es señalar que no conozco NINGÚN sector económico que no reciba ayudas públicas, porque como le pasa a Arturo Fernández, todo el mundo no ha hecho más que recibir ayudas públicas. Porque éstas son motor económico y deberíamos dejar de discutir sobre si estas sirven o no sirven (esto ya está demostrado desde hace décadas) y centrarnos en discutir para qué queremos que sirvan y cómo queremos que sirvan, incluyendo que NO sirvan para llenar bolsillos particulares como el del “amigo” Robant i Lleida.

Mañana sigo en la segunda parte hablando de ayudas directas e indirectas y metiéndome con Gerard Depardieu y Guillem Martínez, jeje.