Reportaje "Por qué voto a V0X"

Carta abierta a la directora de El País

Estimada Sra. Gallego-Díaz:

Escribo esta carta desde el respeto y la admiración hacia usted en particular y el respeto por la cabecera que ud. dirige, que ha sido casi siempre y desde que tengo memoria referencia informativa para todo el país.

El periodismo tiene la obligación de plantear preguntas incómodas, preferiblemente contra el poder, contra los diferentes poderes. Por ello, se considera que es uno de los pilares de la democracia. Para que el periodismo llegue a la ciudadanía es necesario que editoras, grafistas y la directora hagan su trabajo también, proponiendo o defendiendo el enfoque que consideren más adecuado.
Apenas una semana después de que el relator de la ONU de pobreza severa Philip Alston expusiera nuestras vergüenzas (“He visto barrios en peor situación que campos de refugiados”), el prestigioso diario El País ha dedicado su principal reportaje semanal a los y las votantes del partido de extrema derecha Vox.

Entiendo que un reportaje así no se prepara de un día para otro. También creo que conocer y entender el ascenso de una formación de extrema derecha pueden ser una buena herramienta.
Dicho esto, creo que tanto los reportajes como lo que les ha rodeado contribuyen muy peligrosamente a popularizar y embellecer dicha formación, normalizar su ideario y empatizar con las personas que –conscientes o no– han ejercido su derecho a voto para hacer retroceder los derechos de todos.
No quiero reiterar en una polémica tuitera, que a su vez beneficia a la extrema derecha, y me gustaría colaborar en una reflexión mínimamente más profunda, y por eso le escribo esta carta.

El enfoque del anuncio del reportaje tanto impreso como audiovisual, con la portada, ya hacía presagiar lo que ha sido después el contenido: una popularización embellecedora y personalizadora de sus votantes y sus argumentos, con una buena campaña de promoción basada en la polémica, a beneficio de la cabecera (que necesita atraer lectores, lo entiendo) y del partido en cuestión, que se alimenta de tales polémicas.

Sabemos ya desde los años 30 que la extrema derecha se alimenta de toda exposición en los medios que los retrate como personas normales y que no destape sus turbias fuentes de financiación, sus mecanismos antidemocráticos o sus prácticas criminales.
También sabemos que uno de los errores principales que se cometen al retratar la realidad es hablar de números y estadísticas o de problemas en abstracto cuando hablamos de injusticias sociales, de pobreza, mientras ponemos nombres y caras a los votantes de la xenofobia, normalizándolos y permitiendo a cualquiera empatizar.
Las únicas respuestas argumentales que se dan en el reportaje audiovisual, las dan expertos intelectuales (con gafas o americana y corbata) sobre fondo blanco, mientras que de los problemas me hablan personas con empleos corrientes en escenarios corrientes que bien podrían ser mis vecinos.
Todo esto lo sabemos de la experiencia del nazismo y el fascismo, y también de otras experiencias más recientes, lo sabemos de Grecia, Hungría, Brasil y de EEUU a donde no dejan de hacer referencia en el reportaje pero poco aplicamos sus lecciones.
También sabemos que el periodismo tiene una gran responsabilidad evitando comprar el marco de la extrema derecha, evitando normalizarla, evitando embellecerla y en última instancia aceptando la crítica como un poder público más que sois.

Tienen el deber de reflexionar muy bien qué consecuencias va a tener cada vez que se les da espacio mediático: porque cada página, cada minuto de vídeo que les dedicamos y que no estamos dedicando a hablar de otros puntos de vista, otros puntos en común, otras soluciones, otras vidas, son votos que van a ganar en el futuro para cerrar periódicos y arrebatarnos la democracia.

Atentamente,